Acero (parte I)

Durante toda esa tarde, la mente de Alex había sido una continua proyección de imágenes de su pasado. Aún podía notar la sequedad de la piel en su rostro por las lágrimas que había derramado horas antes, en aquel mismo lugar, del que había sido incapaz de moverse, paralizado por el frío, la humedad y el miedo.
Sin embargo, en ese momento se encontraba algo más calmado, debido sobre todo a la sensación de paz que le infundían los recuerdos.

Diecinueve años en imágenes, que ahora tomaban un cariz terriblemente nostálgico. Se sentía orgulloso de casi todo cuanto había vivido hasta ese día, de manera que mentalmente iba haciendo una pequeña recopilación y selección, para volver a recordar una y otra vez los momentos que mejor sensación le habían dejado.
En un par de ocasiones, había intentado hacerse a la idea de que todo se acababa ahí, pero inmediatamente sufría una horrible asfixia que le hacía dirigir sus pensamientos a otra cosa, hasta que terminó refugiándose en sus recuerdos más alegres para tranquilizar su alma.


El silencio humano se mezclaba con los ensordecedores crujidos, provenientes del exterior de la estancia, a los que seguían sollozos y gritos de angustia en el interior.
Cada cierto tiempo, alguien hablaba, preguntando por el estado del resto. Voces enredadas en llantos, haciendo saber de forma casi inaudible que aún seguían luchando.

Habían hecho un recuento inicial de los supervivientes en el que contaron veintitrés almas con vida. Veintitrés llantos de angustia e incomprensión. Por el resto solo quedaba rezar, porque todos sabían que ya nada cabía esperar. Aunque a esas alturas, las súplicas, lágrimas y lamentos no eran precisamente por el alma de sus compañeros fallecidos, sino por las suyas propias, pues en situaciones extremas, nuestro instinto desecha cualquier idea de salvación o ayuda, ajena a nosotros mismos.

Alex permanecía en el mismo estado que sus compañeros, acurrucado y tiritando, absorto la mayor parte del tiempo en el método que su mente había ideado para desconectar de esa realidad, aunque el frío le iba venciendo poco a poco, como a los demás. Habían pasado varias horas desde las explosiones y tras ellas, los terribles crujidos que se sucedían constantemente. Todo ello, unido a la oscuridad total, hacía prácticamente inviable moverse o buscar posibles soluciones al problema; aumentando a su vez la sensación claustrofóbica y la angustia.
Lo único que quedaba por hacer era esperar.

Durante largo rato, hasta que sus músculos no pudieron más, uno de los compañeros de Alex golpeó con toda su fuerza el casco repetidamente emitiendo un sonido que todos conocían perfectamente: SOS, la señal de socorro.
El Kursk yacía hundido a más de cien metros de profundidad y no había otra forma de comunicarse con el exterior.

continúna en Acero (parte II)

Comentarios

Edurne ha dicho que…
Hola, Oscar, gracias por visitar mi blog. Mi casa está abierta para cuando quieras sentarte tranquilamente y leer. Te doy la dirección de mi otro blog por si te apetece leer algo distinto a este, son relatos. Http://faine.blogia.com.
La primera parte de tu historia me ha gustado mucho, creas espectativa y eso es muy importante. Escribes bastante bien. Pero debo profundizar más en los abismos de tus letras, ya te comentaré algo. Te añado como enlace en mi blog de Edurne.
Besitos.
Oscar García ha dicho que…
Gracias por visitarme edurne, me alegro de que te haya gustado la primera parte del relato, cuando quieras puedes leer las otras dos partes, estás invitada por supuesto. He agregado tu blog a mis enlaces, como ya te he dicho, me pasaré de vez en cuando para seguir leyéndote.
y también visitaré tu otro blog.
Saludos
Mixha ha dicho que…
Interesante RElato Oscar, gracias por tu visita, escribes muy bien, acabo de leer tu primera parte y me gustó, muy intenso (sobre todo tus imágnes referenciales)una que me gustó: "el sielncio humano se mezclaba con los ensordecedores crujidos..." uno puede visualizarlo y eso sólo logra alguien que escribe bien, un beso \\\me voy a la parate 2
Yurena Guillén ha dicho que…
Hola Oscar,
Me alegra haber pasado por aquí. He decidico seguir tu consejo y empezar desde el principio. De momento pinta bien. Me gusta esa idea de que el protagonista se aferre a sus viejos recuerdos para afrontar una situación tan complicada y dura.
Voy a seguir con la lectura. Ya te contaré.
Sigo por aquí

Más leídas

Ojos tristes

De recuerdos hundidos

Completar el ciclo