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Mostrando entradas de febrero, 2009

Tiempo que resta

Sus párpados se habían juntado enredando las pestañas en un suave contacto; cálido como una puesta de sol.

En la habitación oscura donde estaba sintió que no echaba de menos nada, habían desaparecido los sentimientos, los anhelos y los pesares. Algo en su interior tuvo la certidumbre de que iba a quedarse ahí para siempre; el único deseo que experimentaba; sin embargo no pensaba; no experimentaba; no sentía; no deseaba.
Era una oscuridad que lo envolvía suavemente infundiéndole absoluta calma; despojado de la molesta envoltura en la que había pasado tantos años y que últimamente se había quedado vieja, harapienta, gastada.

Al mismo tiempo, alguien juntaba unas arrugas como surcos en la comisura de sus labios y ojos; por los que iban caminando ríos de lágrimas y preguntas. Un por qué tantas veces dicho al cielo con la esperanza de obtener alguna furtiva respuesta; faros iluminando el sendero oscuro en el que se acababa de adentrar todo lo que fue y lo que sería.

Un poco más, porque nunca e…

Terapia de choque

La pared en la que escribíamos nuestras vigilias se ha completado; no te culpo, debimos elegir una muralla más larga para plantar nuestro palacio y continuar escribiendo en imaginarias, las noches veladas de cariños y desprecios a partes iguales.

Decir ahora te quiero sería muy fácil, pero me estaría olvidando entonces del lastre que le hemos puesto sobre los hombros a esa expresión; posiblemente la única que podrían gritar al unísono todas las paredes del mundo si pudiesen hablar; una carga demasiado pesada para soportar entre dos. Tal vez por eso quisiste añadir una tercera persona al juego y hacerlo así más emocionante; o más jodido.
Me quema la desazón de tenerte tan cerca pero saberte lejos; a un millón de pensamientos por delante de mi pausado romanticismo; qué le vamos a hacer, soy así. Y sí, ya sé que no tengo remedio, ni lo quiero, porque si de algo estoy orgulloso es de mi entereza y de mis raudos pasos cuando necesito huir, como es el caso.

No sé si te lo habrás planteado, sup…

Limon, tequila y sexo (parte II)

Puse mis labios en el lóbulo de su oreja, lo mordí y le dije: ahora me apetecen otros labios, al tiempo que con ambas manos acariciaba los últimos centímetros del interior de sus muslos.Al oírme exhaló un gemido y me dijo con voz temblorosa: cómeme.


lentamente ............................................................... como un delicioso paseo


Cuando se trata de sexo prefiero no poner las cosas demasiado fáciles porque el placer y el exquisito sufrimento del deseo aumentan por cada segundo que pasas pidiendo un poco más.

Cómeme, esas seis letras desesperadas solamente eran el preludio de una dulce agonía.
Sentada en la cámara de aquel almacén, con su desnuda piel como única prenda; las piernas ligeramente abiertas para dejar un privilegiado hueco que ocupaban mis caderas; disfrutando de las suaves caricias que le regalaba entre las ingles, acompañadas de húmedos paseos de mi lengua por el contorno de sus labios; deslizándome por la comisura en un descenso pausado hacia el cuello, hasta…

La sala de los juguetes

Desde el silencio y la oscuridad de una conciencia perdida en algún lugar indeterminado llegaba un grito de horror que aumentaba paulatinamente hasta convertirse en un terrible alarido. Una punzada llegó a su cerebro y despertó para darse cuenta de que en realidad ese espanto provenía de su propio interior.
Al recuperar la consciencia se percató de que la pesadilla seguía siendo realidad y sintió náuseas ante la visión de su pierna cortada por encima de la rodilla, acabando en un muñón oscurecido, cubierto por una especie de vendaje a base de retales amarillentos. El dolor se había vuelto tan insoportable que nublaba todo a su alrededor impidiéndole pensar en otra cosa. A ello se unía un sofocante hedor a humedad, sangre y podredumbre.

De pie, frente a las ruinas de Miguel se encontraba Sami, aún sonriendo como si la escena fuese de lo más divertida.

Instintivamente deseaba con todas sus fuerzas tocarse la pierna, tratar de calmar esa angustia de cualquier forma, pero sus manos seguían a…

Limon, tequila y sexo

La música se mezclaba con el ruido de cientos de voces gritando a la vez que sonaba la pesada canción pachanguera del momento; olor a infinidad de perfumes; sudor y tabaco; empujones; bailes ridículos.
Yo estaba en un extremo de la barra esperando a que la camarera terminase de llenar los chupitos; tequila; el salero y unas cuantas rodajas de limón para morder.

De un trago; cuando el ardiente alcohol bajaba por mi garganta mordí el limón buscando calmar el fuerte sabor y en ese instante ví que una chica me contemplaba desde varios metros con una sonrisa divertida, y sostuve su mirada con un guiño interrogatorio. Sin duda le hizo gracia el gesto torcido de mis labios al tragar la tequila; era el cuarto; pero mis facultades aún estaban lo suficientemente activas como para seguirle el juego y lo suficientemente tocadas como para que todas las inhibiciones hubiesen volado.
Continuó mirándome, sonriendo y para dar un toque de diversión se burló sacando la lengua.

Sin duda ella hubiese esperado…

Cuestión de principios

El percutor estaba amartillado; la bala preparada y el cañón apuntando allá donde la muerte es segura, certera y rápida; un leve rugir; quizás el molesto tintineo de muchos decibelios en los oídos y un instante después oscuridad con sabor a pólvora.

Hay cosas que ninguna conciencia humana es capaz de soportar o asumir aun viviendo un millón de años.
El señor zeta siempre tenía la mente en blanco, algo absolutamente necesario para hacer lo que hacía; no podía permitirse el lujo de reflexionar porque un pensamiento de más supondría el primer paso hacia un final incierto.
Y ocurrió; sólo una vez en muchos años meditó por causas justificadas, sobre un suceso imprevisto, lo que significó una caída libre hasta los adoquines de su volátil existencia; el reloj del arrepentimiento estaba en marcha y sólo había una forma de pararlo, la cual también se había puesto a funcionar.

El dedo índice de una mano derecha comenzaba a presionar muy lentamente el gatillo de un revolver cuya garganta se reflejab…

El despertar de un monstruo

Imagen
Roja; espesa; excitante; deliciosa.

Habían pasado cinco años desde que un niño pequeño apareciese muerto junto a una acequia; apaleado, con el rostro prácticamente irreconocible y sus juguetes junto a él; testigos mudos de un alma ausente.



Miguel abrió los ojos y se percató de que estaba en absoluta oscuridad.
Aturdido dirigió la vista alrededor preguntándose si estaría ciego; cayendo a los pocos segundos en la cuenta de que se encontraba sentado en el suelo, apoyado en la pared con las manos atadas a la espalda.
Lo siguiente que sintió fue una punzada de dolor en la pierna derecha; un dolor raro, entre cosquilleo y escozor.


Nunca se supo qué pudo ocurrir para que aquel pequeño acabase así. Posteriormente fue conocido por los medios de comunicación como el niño de la acequia; tras varios meses de indagaciones y declaraciones, pese a la angustiosa negativa de los padres, las autoridades policiales dijeron que seguirían investigando, pero con los medios justos, lo que traducido se podía inte…

Princesa

Princesa caminaba entre arcoiris cada vez que cerraba los ojos; era dueña y señora de un reino perfecto donde todo ocurría tal y como su mente lo creaba.
Una chica preciosa encerrada en un cuerpo frágil, sensible y bonito, porque nada es feo para quien sabe mirar desde el punto de vista adecuado; con unos ojos infinitos que no se llevaban bien con la imagen que le devolvía el espejo de su propia realidad; una chica elegante en un lugar demasiado pequeño y raro para ella, rodeada de monstruos que acosaban su especial forma de ver las cosas.
No entendía el significado del bien o el mal, solo vivía con arreglo a su presente.
Era única en su especie y estaba en peligro de extinción; el insensato mundo quería destruir el molde con el que fue creada porque algo tan especial solamente está reservado a dioses.
Levantaba su mirada y se expandían millones de luces descontroladas por el cielo, la tierra y los mares; hacía soplar huracanes, reventar volcanes y gritar al unísino millones de placeres e…