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Mostrando entradas de noviembre, 2011

El dulce olor del ocaso

La llamada quedó resonando en su interior, reverberando en sus entrañas, como una vibración que permanece en el aire tras el repicar de una campana, transmitiéndose dolorosamente como una descarga eléctrica que le erizó el vello de toda su piel y lo sumió en una repentina desesperación.
No hubo respuesta durante varios segundos.

Ajeno; al acecho siempre, el dolor se observa desde la barrera cuando pasa de largo, y nunca se llega a palpar hasta que cae directamente sumiéndote en la oscuridad.

Alfredo se consideraba a sí mismo un emprendedor, un trabajador tenaz que se había granjeado una fortuna a base de esfuerzo, mucho sudor y... bla bla bla. Caminaba altanero, muy seguro, marcando cada paso a fuego en el suelo como la meada de un perro enorme y feroz, enseñando los dientes y haciéndose notar, esparciendo el olor del triunfo por cada rincón de sus dominios.
Los miraba a todos, sus lacayos, con una sonrisa burlona, simpático y encantador. Observaba todo con aquel gesto falso, represe…