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Mostrando entradas de marzo, 2009

Ojo por ojo

La horca era el destino deparado a los culpables; pero la inocencia nunca ha estado exenta de riesgo.

Las súplicas y sollozos no sirvieron de nada.
Nunca antes había experimentado un terror tan intenso; los músculos comenzaban a flojearle y su cuerpo se había convertido en el desagüe de sus poros, sus lagrimales y su vegija. Aunque nada de eso le importaba porque temía realmente por su vida.

De pie sobre aquel improvisado patíbulo podía sentir la rugosidad de cada milímetro de la fina soga que rodeaba su cuello. Había dejado de ser dueño de sus impulsos; temblaba, lloraba, sentía arcadas; incluso le abandonaron las fuerzas para suplicar. Su sistema nervioso se había convertido en una bola de fuego que le comía por dentro.

La fragancia de aquella primavera incipiente se le clavaba en el cerebro recordándole que jamás volvería a disfrutarla. Casi podía notar el cosquilleo de los gusanos a la espera de comenzar el festín de su carne, que en breve estaría muerta; sin embargo se trataba de las…

Limon, tequila y sexo (parte III)

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A la mañana siguiente desperté en la cama de una habitación de hotel, totalmente desnudo; ella estaba durmiendo a mi lado, de espaldas, con una camisa como única prenda. Dibujé su contorno con un dedo, la abracé desde atrás y le dí un beso en el cuello.


Permanecí durante un rato sintiendo su respiración, acariciando su cuerpo semi desnudo con las yemas de mis dedos y recordando con una sonrisa todo lo que había ocurrido tras salir del pub.



Anduvimos cogidos de la mano perdiéndonos entre la gente; ella tiraba de mí calle abajo sin decir palabra. Cuando le preguntaba dónde me llevaba se limitaba a contestar con un shhh
Cinco minutos más tarde doblamos la última esquina antes de llegar al lugar en el que había planeado terminar la noche: el hotel.
Una vez en la entrada se detuvo mirándome, me dio un beso con cara divertida y me dijo dibujando un gesto de inocencia:
-Me da miedo dormir sola.

Supuse desde un principio que esa era su intención, pero me divirtió la simpática forma de pedirlo. Más …

Mi querida Reverte

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Carta de respuesta. Antes de leer esto, os recomiendo que le echéis un vistazo a esto otro, que es a lo que respondo ; )



Abejosamente Cool, señorita Ovejosa.

Dicen que dios le da pan a quien no tiene dientes; creo que algo parecido ocurre con la gracia.
Gracias las que usted tiene –que dicen por ahí.
Y es precisamente, ovejosilla rizosa, lo que tratan de transmitir ciertos blogs (ejem) a las mentes cansadas; un texto fácil, con poca profundidad para que podamos comentar: uys yo también tengo un cactus, y el otro día me pinché con él.
Y lo veo bien, cuando uno se pasa nueve horas trabajando, habitualmente no tiene ganas de leer a Quevedo, ¿o sí?

También podría ser una forma de sustituir la falta de inspiración (donde digo inspiración, véase creatividad) y engañar a las mentes ávidas de una lectura cautivadora y profunda, para entrar a un blog-cómic y pasar el rato mirando las ovejitas, que por cierto tienen su gracia; de hecho, debo admitir que con sólo entrar experimento una inyección de al…

Caminante

Me desplacé por un camino negro con fuego entre mis dedos y cenizas en mi aliento.

El sol se despidió del mundo ocultando entre nubes de azufre todo rayo de esperanza; toda luz de vida.
Observé flores marchitas, árboles secos y animales moribundos alimentándose del hedor de la muerte que les acechaba mientras el cielo escupía ácido con desprecio; su ira se había convertido en venganza contra sus maltratadores.
Despojos humanos me miraron aterrados desde el suelo con ojos inyectados en su sangre, arrastrándose entre llantos y súplicas a un planeta que ahora es puro odio hacia sus pobladores, levantando una mano entre la niebla que cubría una atmósfera gris; miradas de incomprensión antes de morir asfixiados por su propio miedo.

Esto es lo que nos tenías preparado.

Los bosques ya quemados volvían a arder entre vientos rojos arrasando todo rastro de vida; al tiempo que por las venas del planeta circulaba veneno ennegreciendo las cavernosas entrañas de una naturaleza muerta, surgiendo por her…

Doce

El día que mi vida acabó se prendieron multitud de luces en el cielo oscurecido por el polvo y las nubes negras.

Tenía una pequeña cajita donde iba guardando los recuerdos más importantes de mi vida, cerrada con la llave de mi estima por ésta, y solamente la abría cuando un hilo de tristeza se colaba por el ojal de mi aguja para coser mis pensamientos a la melancolía. Ahí guardaba las tijeras con las que cortar y volver a enhebrar sonrisas.

El día que mis pasos se convirtieron en un salto al purgatorio fui incapaz de decir una sola palabra de despedida a los santos que me guiaban para que no tropezase; ni de mirarles a los ojos y decirles cuánto habían hecho por mí en esta vida; ni de tocar sus mejillas con el cariño de quien tiene tanto que agradecer.

El tiempo no es más que óxido en nuestros corazones; nunca se detiene a preguntar si nos hemos abrochado el cinturón y, cuando decide hacer una parada, los que están junto a la puerta deben salir sin remisión, no importa si entraron antes …

Alicia

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1. El nacimiento del niño robot.
2. El despertar de un monstruo.
3. La sala de los juguetes.
4. Alicia



Alicia caminaba por la calle absorta en sus pensamientos cuando notó que algo le cubría su boca y nariz. Era el último recuerdo que conservaba antes de despertar en aquel infierno.

Aún aturdida, tratando de acomodar la vista a la penumbra escuchó una voz pronunciando unas palabras que no alcanzó a entender, pero sí que su nombre estaba entre ellas.
Cuando logró observar la escena que tenía ante sí no asimiló hasta pasados unos segundos que pudiese tratarse de algo real; la primera idea que surgió en su mente era la de una horrible pesadilla de la que despertaría tarde o temprano. Pero el olor nauseabundo le pegó de lleno entre los ojos y no pudo evitar vaciar su estómago entre arcadas y lágrimas.

Todo cuanto la rodeaba era un inmenso charco oscuro; frente a ella una persona teñida de rojo, agachada sobre lo que parecía un cuerpo. El lugar era una habitación alargada y con las paredes ennegr…

Perdida en mi mente

Era la primera vez que experimentaba esa extraña sensación; también fue la primera que pude sentir lo que creo que debe ser eso a lo que llamamos infierno.
Nunca me hubiese imaginado a mí mismo comportándome de esa manera, y aún hoy soy incapaz de encontrar una explicación racional.

Desperté y miré el reloj; inmediatamente me levanté con el pulso acelerado y dando trompicones me vestí. Sin salir de la habitación eché un vistazo alrededor, confuso. Algo me decía que no debía estar allí en ese momento, pero mis neuronas eran incapaces de transmitir impulsos; me dolía detrás de la cabeza, la noche anterior me estaba pasando factura.

Cogí el móvil y busqué en la agenda para llamar a Ángela, necesitaba verla. Sin embargo no encontré su número, o lo había apuntado mal. La noche anterior había vuelto a nacer y mi estado de ánimo no podía ser mejor, a pesar de que en ese momento me sentía aturdido y desorientado; me dirigí al baño, bajé la cabeza y entre sonrisas vomité hasta vaciarme.

Fui camin…

De caballos alados y hojas de otoño

Ella tenía una libreta azul llena de sueños; sueños hechos con sonrisas; azul como el mar que contemplaban sus ojos inocentes en las largas tardes de brisas salinas en las que imaginaba caballos alados y sirenas.
El viento le traía pensamientos forjados en el interior de una imaginación que saltaba los bordes, y su bolígrafo escribía existencias surgidas de la nada; soplos de vida extraídos de una juventud romántica.

Su regalo más preciado era una hoja en blanco por la que se perdía durante eternidades caminando entre letras musicales dibujadas al son de la hilaridad de su melodía; volando entre los sueños de un tarareo y un baile perennes.
Sus pasos junto al mar se convertían en huellas troqueladas en la arena de un corazón fantasioso, y borradas por las olas para dejar un nuevo espacio en el que volver a escribir.

Acumulaba historias en los cajones de su propia historia para algún día coserlas y formar una vida dedicada a lo más importante: vivir.

Siempre tuvo mil mariposas enredadas en …