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Retales de un alma descosida

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Un libro es algo que todo el mundo debería tener como amigo, ese que no te abandona y te hace sentir acompañado en los momentos de soledad y angustia, y un poquito más feliz cuando ya lo eres.

Un libro posee la maravillosa virtud de hacer que nos sintamos evadidos de cualquier realidad, buena o mala, y viajemos hasta donde la imaginación del autor desee llevarnos, escalando párrafos y descubriendo una nueva forma de contemplar el horizonte; ese skyline construido mediante los cálculos precisos de un arquitecto de las letras.
Aquí está mi pequeña aportación a ese paisaje fantástico que torna como las estaciones.

Este libro, espero que el primero de muchos, es la recopilación que hice en 2009 de todos los relatos contenidos en Ciudad Colmena, y gracias a los cuales pude hacer realidad material un pequeño sueño: que uno de los títulos contenidos en alguna librería perdida y anónima fuese mío.


Ahora he decidido que (ya que en papel me es imposible porque tiene unos costes), al menos en .PDF y…

El dulce olor del ocaso

La llamada quedó resonando en su interior, reverberando en sus entrañas, como una vibración que permanece en el aire tras el repicar de una campana, transmitiéndose dolorosamente como una descarga eléctrica que le erizó el vello de toda su piel y lo sumió en una repentina desesperación.
No hubo respuesta durante varios segundos.

Ajeno; al acecho siempre, el dolor se observa desde la barrera cuando pasa de largo, y nunca se llega a palpar hasta que cae directamente sumiéndote en la oscuridad.

Alfredo se consideraba a sí mismo un emprendedor, un trabajador tenaz que se había granjeado una fortuna a base de esfuerzo, mucho sudor y... bla bla bla. Caminaba altanero, muy seguro, marcando cada paso a fuego en el suelo como la meada de un perro enorme y feroz, enseñando los dientes y haciéndose notar, esparciendo el olor del triunfo por cada rincón de sus dominios.
Los miraba a todos, sus lacayos, con una sonrisa burlona, simpático y encantador. Observaba todo con aquel gesto falso, represe…

Martes, 13

Es sólo un animal.
Martes, 13. Hay quien piensa que se trata de un día en el que la suerte está de espaldas, ignorando todo. Supersticiones (quizá). 
Lucía ha despertado hoy con la luz del alba penetrando en su habitación, ha mirado a su alrededor y al cerrar los ojos de nuevo, algo le ha golpeado en su alma joven e inocente... un recuerdo que se había perdido en la noche, mientras dormía.  Aún sigue sin entender por qué golpearon a su amigo Mario aquellos chicos hasta dejarlo inconsciente... aún siente la congoja de saberse impotente y rota ante la saña con que era vapuleado y las sonrisas crueles de cinco niños disfrutando de un acto macabro. Las lágrimas han vuelto a brotar de sus pequeños ojos marrones mientras abraza con fuerza la almohada para no sentirse tan desamparada.
Mario observa desde su ventana la luz del sol inundando lentamente aquellos campos, cuya maleza cubre la vergüenza de ser escenario de uno de los actos más crueles e inhumanos concebidos por... el ser humano. Recu…

Miradas de añoranza

Siempre había sentido un cosquilleo en la punta de los dedos ante la presencia de aquel monstruo cuya belleza hacía eco en cada uno de sus sentidos. Se paraba a respirar profundamente, protagonista de una escena en la que un empequeñecido David observaba a su Goliat particular; como si él mismo fuese esa minúscula piedra, frente a la majestuosa inmensidad que parecía desafiarlo; provocarlo; reírse de todos sus miedos y dudas. Ahora más que nunca, en el preciso instante en que se daba cuenta de las miles de miradas que había dirigido hacia allí arriba, suspiraba y sonreía con cierta amargura por dejar atrás lo que podría haber sido un sueño, o simplemente una pequeña anécdota. Sin embargo, ya nunca lo sabría.

Contemplaba sin más la sinuosidad de un horizonte que ya conocía sobradamente; aspiraba la embriagadora fragancia de cada partícula que descendía suavemente por las laderas llenando sus pulmones y evocando imágenes de aquella estampa; postales de distinta índole remarcadas con deta…

Con la vida al hombro

La vida es un traspié detrás de otro.

Jorge iba pensando que hay traspiés sin importancia; pequeñas caídas, de las que uno se levanta; y golpes que te destrozan.
Aún no había llegado a comprender la cronología de su historia, le resultaba complicado relacionar sucesos y encontrar una explicación congruente o alguna concatenación de razones; causas y efectos; qué había hecho mal para tener que verse en aquella situación.

Cabizbajo, con la autoestima rayando el suelo caminaba haciendo una ronda ya habitual en su rutina. Observaba a la gente preguntándose si alguno llegaría a hacerse una idea de lo efímero que es todo, y se estremecía ante la certidumbre de que cualquiera de ellos podría acabar de bruces contra el cemento de las frías aceras madrileñas en un abrir y cerrar de ojos; como en un mal sueño del que, en este caso, no había mañana en la que despertar.

En una mochila cargaba sus pertenencias; su hombro como sustento de todo aquello que le quedaba, pocas posesiones y muchos recuerdos…

¿Jugamos? (parte II)

¿Jugamos? (parte I)

No nos alejamos mucho, pero el lugar que eligió era perfecto; dentro del propio recinto de la piscina, junto a una pequeña balaustrada de piedra, bajo el ramaje de un árbol y en absoluta oscuridad. Desde allí podíamos verlos a todos. Se acercó aún más, pegando su cuerpo al mío y me volvió a hablar al oído: Tranquilo, ellos no pueden vernos...

Sin siquiera mirar, agarró el cordón de mi bañador y tiró de mí dando unos pasos hacia atrás apoyándose en la balaustrada, que parecía estar hecha a nuestra medida. Mantuvo cogido el cordón, jugueteando con él mientras me miraba a los ojos sonriendo, sin decir nada.
La cogí por la cintura acariciando suavemente hacia sus caderas, serpenteando con los dedos alrededor de la cuerdecilla que ataba su bikini, imaginando desatarlo lentamente y disfrutando del momento... acercándome poco a poco a su cara hasta sentir el calor de su respiración excitada golpear sedosamente mi mejilla.

El tiempo transcurriría sin dejarnos pensar en nad…

¿Jugamos?

Me encanta hacerte disfrutar... verte respirar, acariciarte mientras observo tus pupilas dilatarse.

Aquel verano fue como todos los demás... casi.
Lo curioso de ese "casi", es que fue el detalle que cambió la monotonía de un verano más.

Alrededor de la piscina los grifos escurrían cerveza y tinto de verano, mientras la piel bronceada de muchos cuerpos exudaba a borbotones las risas y los bailes.

Ella estaba allí...

No la conocía, al menos en persona; la había visto alguna vez pero nunca me llamó la atención demasiado.
Tenía sonrisa alegre y ojos risueños, brillantes, penetrantes. Su piel dorada brillaba con el sol de poniente, y el contraste que producía la sinuosidad de su cuerpo ocultaba sombras que sólo cabía imaginar.
Vocalizaba cada palabra moviendo unos labios sonrosados, carnosos, humedecidos por el vino, e hinchados por el calor.
Gesticulaba y se movía al son de la música, enseñando los dientes al sonreír, como el preludio de una amenaza; una amenaza teñida de lasci…

Rojo carmesí (parte II)

Rojo carmesí (parte I)

Cuando finalmente consiguió abrir los ojos tuvo que adaptar la vista a la tenue luz de la estancia, y volvió a comenzar la pesadilla, mucho más amarga esta vez en cuanto fue consciente de que se encontraba en una bañera llena hielo y agua teñida de color carmesí; a su izquierda, muy cerca había un teléfono; y antes de volver a desmayarse por el miedo y la angustia, pudo, esta vez sí, vaciar sus pulmones gritando al leer el mensaje que le habían dejado escrito en la pared: llama urgentemente a un hospital, no puedes vivir sin riñones...

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El agua prácticamente rebosaba la bañera; cientos de minúsculas gotas salpicaban la pared, deslizándose lentamente por ésta y dejando surcos rosados en su camino descendente, como una pintura macabra compuesta por líneas inconexas y sin sentido.

Todo estaba en silencio; tras el lamento estentóreo que había inundado la estancia segundos ante…

Rojo carmesí

Cuando empezó a recuperar la consciencia se sintió flotando, como si su cuerpo fuese emergiendo muy lentamente de las profundidades de un abismo indeterminado. A la oscuridad se unía una calma absoluta, un lejano silbido que aumentaba pausadamente, e imágenes desordenadas que brotaban con fuerza mostrando flashes recientes pero sin sentido, las cuales componían poco a poco el puzzle de la noche anterior. Una sensación como otras muchas antes; resaca, malestar, angustia y lagunas.
El cuerpo de Ainara continuaba inherte, separado de su mente; se sentía extraña, sin terminar de despertar, a medio camino entre la ensoñación y la consciencia, charlando consigo misma y tratando de recordar todo lo que había ocurrido a partir de esas últimas imágenes que la habían asaltado.
¿Sueño o realidad?


Aquel chico que la miraba tanto en la discoteca resultó ser encantador además de atractivo. Vestía informal, tenía una mirada segura; altiva; con ojos brillantes y una labia inusual. Desde el primer moment…