Flores y Palabras

Dicen que no mirar atrás es el primer paso; hay que olvidar, dicen. Tengo un sobre cerrado y un ramo de flores en la mesita de la entrada; son orquídeas, « de tres especies distintas » , me quiso aclarar el repartidor. Quizá porque observó mi cara de indiferencia al verlas. La gente presupone que a una mujer han de gustarle las flores, que la debilidad hará mella en los sentimientos y ablandará el corazón. Ese no es mi caso. Sin embargo, sufro una lucha interna entre un rencor hastiado de tristeza y miedo, y la certidumbre de que abrir la carta supondrá haber mirado hacia atrás, habré perdido, porque volveré a caer en el engaño de unas palabras bonitas y arrepentidas; sucumbiré a aquello de «mi vida sin ti no tiene sentido» o «necesito despertarme junto a ti cada mañana» . Esta vez no ocurrirá. Dejaré ahí las flores para verlas marchitar, haré pedacitos la carta y será -lo prometo- la última vez que maquille mis ojos para ocultar su sinrazón y mi vergüenza. Este microrrelato es mi par...