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Ganar o dejarse ganar

La vida le cayó de golpe sobre la espalda con aquel primer azote del hombre que había ayudado a traerlo al mundo; pero no le guardó rencor. El médico lo miró con orgullo y estuvo feliz de que Dios tuviera a bien que hubiese de todo en esta tierra. Igual luego se vuelve guapo , se decía por la noche mientras se ponía el pijama para dormir. Aunque sabía que no sería así; tenía mucha experiencia en ese tema. Qué va, quien nace feo, vive feo , pensaba luego el hijo puta. Y encima con ese nombre, pa matar a alguien . Nunca olvidaría el tremendo esfuerzo que tuvo que realizar para no descojonarse de risa cuando al preguntar a la madre por el nombre del niño, ésta le soltó sin siquiera un poquito de miramiento: Kevin Cosner de Jesús. Así, como suena . En su cerebro retumbó un tachaaaaan como cuando alguien logra con éxito un truco sorprendente, seguido de unas incontrolables ganas de salir corriendo para entretener sus músculos de alguna forma. Estaba convencido de haber oído bien. Un niño q...

Huida hacia ningún lugar

Cientos de voces gritan enloquecidas la histeria de una tradición sangrante, sobre las pisadas marcadas y borradas por el paso de los años, en un suelo encharcado de odio y tortura. Sus ojos miran en todas direcciones con el corazón bombeando a toda velocidad en un último intento por dotar a su cuerpo de la fuerza suficiente para huir. Su mente procesa imágenes incomprensibles para él. ¿Qué está ocurriendo? Las terminaciones nerviosas transmiten a su cerebro impulsos de un sufrimiento atroz, mientras los pulmones se quedan pequeños, resollando cada partícula de oxígeno mezclado de polvo. Incapaz de defenderse, incapaz de suplicar, solamente corre sin descanso; avanza a trompicones, cayendo, levantándose y volviendo a resoplar. Sus bufidos con lamentos ante tal humillación. No ataca a pesar de que lo están matando lentamente; con saña. Sólo busca una salida que no existe a través de un amplio campo sin horizonte en el que está llamado a morir. Desde la lejanía el tumulto se mueve al com...

ilusiones vestidas de Fe

Me dije que estaría toda la vida esperando tontamente por esa imagen que guardaba de aquello que anhelaba, y aún así esperé. - Nos hacemos viejos, compañero. Te das cuenta y no haces nada . La imagen distorsionada de mi ego me devolvía a una realidad que no quería creer frente al espejo, cada mañana, cada medio día y cada noche, antes de ir a dormir para tratar de soñar lo que el mundo real me negaba. - Dejas pasar la vida sin agarrarla, abrazado a ese sueño inexistente . La voz se hacía más nítida conforme mi vista se nublaba y mi piel se erosionaba. Esa melodía matutina me recordaba sin descanso cuán testaruda puede ser una esperanza vana. - Ni siquiera es realidad, macho. Te aferras a un puñado de autoengaño y no quieres soltarlo ni con unos labios acariciando tu cuello . Yo no contestaba porque sabía que con cada palabra me escupía una jodida verdad, y cerraba los ojos para no ver los rasgos entristecidos del tiempo reflejados en los surcos de mi rostro. Con cada nuevo amor de un r...

Silencio

Los susurros, dicen, son caricias al aire. ¿Escuchas como se va transmitiendo lentamente desde mis labios hasta tu oído a través del silencio? ¿Percibes las palabras acalladas, deslizando suavemente cada letra como una minúscula onda se abre paso a través de un lago en calma? Es como cuando coloco uno de mis dedos sobre tus caderas desnudas, y poco a poco voy recorriendo tu silueta, apenas rozándote la piel. Si mirases justo entre ambas partes, podrías ver luz a través de los surcos de mi huella dactilar, y el bello de tu cuerpo erizandose a su paso. Cierra los ojos y concentra tus sentidos en los colores que van formando mis palabras; en la melodía compuesta por susurros, caricias, este placentero silencio en la madrugada y la brisa de Septiembre que entra a través de la ventana. ¿Lo sientes? Contempla a través de tus párpados las curvas de tu cuerpo sobre las sábanas, flirteando con mis manos y envuelto en las notas silenciadas de mi boca, que danzan juguetonas invadiendo dulcemente ...

Llorar el pasado

La vida se le escapaba entre imágenes traslúcidas cada vez que dirigía una mirada humedecida a través de la ventana. Oteando la tierra que siempre fue suya mientras se daba cuenta de que en realidad nunca le había pertenecido. El caserón envejecido daba cuenta a su vez de los años pasados, cuarteadas las paredes como su piel, la de un viejo decrépito, ponzoñoso, y ahora tardíamente entristecido por el testamento que le dictaba su raída conciencia: Morirás igual que viviste; sólo y lleno de odio . Odio arraigado en prejuicios y costumbres nocivas; sembrado y regado día tras día, haciéndolo crecer y echar raíces demasiado profundas. Una vez acabado con todo, sólo le quedaba esa ventana y un atisbo de arrepentimiento. Las iras de la intolerancia marcaron sus pasos en el día a día de una existencia que él mismo hacía insoportable para cuanto le rodeaba. El dinero y la codicia son los peores enemigos de la felicidad; y quedó patente por cada puñalada que le propinó en pos de defender lo que...

Excitación a tientas (acto II)

Ese relato estaba consiguiendo poner a flor de piel todos mis sentidos… y algo más. En la tranquilidad de aquella habitación, la lascivia se apoderaba de mí, haciéndome desear fervientemente esos labios por cuya carnosidad emanaban palabras llenas de sensualidad y sexo sin tapujos. Continuó sin miramientos su experiencia lésbica , sin que mis ojos intuyesen siquiera lo que me contaría enseguida… Tumbadas, una sobre la otra; envueltas; mezcladas; recorriendo con los dedos las sinuosas e interminables curvas; podían sentir cada parte de su piel comenzando a transpirar por el contacto y la excitación . Ella seguía con los ojos vendados , mientras su secuestradora , dueña de la situación, le sujetaba las muñecas, pasando una especie de cinta de tela suave, rodeándolas; quedando finalmente con los brazos levantados sobre su cabeza. Atada . Semidesnuda . Una vez así, colocó ambas manos sobre su pecho, palpando con suavidad, y comenzó a bajar acariciando con los dedos el vientre hasta la ci...

Insomnio

Qué triste el repeler de estos polos; bebiendo mierda, anestesiando minutos, mirando tus pasitos y, pensando en el infierno de estar solos. Este gallo ya no sabe si canta al sol o entona la alborada de tu luz; ya no distingue entre el dulce sabor de tus labios, o la amargura de tu hiel. Ya no caben mas proclamas al candor de tu dintel. Las escamas de mi piel no me protegen, de saberte sin tenerte; de tener que imaginarte; de arañarme con la ramas astilladas de tu miel.