Trampas

Su mirada, llena de lascivia, se paseaba lentamente por aquel local buscando alguna cara conocida, desde la penumbra del discreto rincón tras la columna y el altavoz, mientras unos labios se clavaban en su cuello, humedeciéndolo con los restos del Ron de cada trago. Solos, evadidos del bailoteo de la gente y la música que martilleaba sobre sus cabezas; envueltos en su propio devaneo.

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Ángela abrió su armario y experimentó un cosquilleo en el estómago al sentir que lo que realmente abría era la puerta hacia un mundo hasta ahora vedado.

Eran las ocho y media, estaba oscureciendo y comenzó sin prisa ese ritual de metamorfosis que repetía cada semana... aunque esta vez todo iba a ser distinto.
El primer paso: elegir concienzudamente entre pantalón, falda o vestido.
Ocasión excepcional, ropa normal, pensó, y se decidió por un vaquero ajustado, sabía que así no fallaría; lo colocó en la cama y sobre éste, una camiseta negra, de tirantes, cuello de pico y ligeramente escotada; sobria, informal y lo suficientemente larga para marcar sus caderas y dejar ver el inicio de sus nalgas bajo el ceñido pantalón; unos botines negros, con poco tacón;
los abalorios correspondientes: reloj, pulsera y un collar de cuentas, también negras.
Y para terminar, la ropa interior: culotte y sujetador de encaje que, muy probablemente, llegado el momento durarían poco.

No tenía intención de romper seseras a su paso, sabía que llevara lo que llevase sería el centro de muchas miradas; siempre había ocurrido, y mientras ella paseaba sus caderas, altanera, su novio hervía. Tenía algo, y además lo sabía. Prefería ir relativamente discreta para no tapizarse con demasiados adornos superficiales.

Esa noche todo estaba milimetrado, y pensaba en ello mientras paseaba cogida de la mano de Andrés, su pareja.
Todo normal, rutinario, casi aburrido. Después de cenar se tomarían un par de copas y volverían a casa, para terminar con una noche de sexo amenizado por los efectos del alcohol.
Siempre les gustó esa rutina como forma de eludir el día a día. Una monotonía que maquillaba a la otra.

Como de costumbre fueron a ese Pub al que acudían con frecuencia; les gustaba la música y el ambiente; iluminación adecuada y el volumen preciso para poder hablar sin gritar. Se sentaron junto a la barra y pidieron Ron con hielo para ambos. El local tenía dos plantas, con varias salas para crear distintos ambientes, y a partir de medianoche comenzaba a llenarse de gente distribuida de acuerdo con sus gustos musicales hasta casi completar el aforo.
Terminaron dos copas entre risas y cuando iban a pedir la tercera, Ángela se percató de soslayo del pequeño detalle que esperaba.

Voy al aseo, ve pidiendo mientras.

Se levantó y comenzó a caminar en dirección a los servicios, perdiéndose entre la gente que ya llenaba el Pub; atravesó el arco que llevaba a la sala contigua y se desvió ligeramente hacia el fondo, donde la luz quedaba más atenuada, hasta llegar a un lugar semi oculto tras una columna, en el que había un grupo de personas charlando a las que en ese momento se unía un chico, aparentemente algo mayor que ella, el cual acababa de llegar.
Ángela dio un pequeño rodeo, totalmente premeditado, pasando tras la espalda de él y haciendo un imperceptible movimiento con su mano, con el que rozó su cuello lo justo para que volviese la cabeza, y sin detenerse le clavó su mirada para dejar claro que había sido ella, y que no lo había tocado sin querer.

Continuó caminando hasta la puerta de los aseos y esperó sin entrar, observando. Momentos después lo vio acercarse hacia ella, decidido, y le preguntó:

¿Te conozco?

Tal vez. ¿Vienes solo?

Pues... ahora sí. Me llamo Abel. ¿Y tu?

Te lo diré después, si te apetece...

Los labios de él temblaban. Sorpendido por aquella situación a la que no estaba acostumbrado trataba de disimular para no dejar ver su pánico. Ella también estaba profundamente nerviosa. Jamás había actuado de esa forma y, a pesar de que había premeditado y ensayado aquella escena, no podía evitar el temblor que le producía el morbo, el miedo y la excitación por lo que estaba a punto de hacer...

Hacía semanas que veía a aquel chico entrar al Pub a la misma hora, pasar frente a ella y su novio, y dirigirse al fondo hasta perderlo de vista. Aproximadamente desde entonces, sin saber cómo, ni por qué razón, algo se había apoderado de ella; un deseo irrefrenable que le comía por dentro y le producía tal excitación que incluso se había masturbado varias veces pensándolo; una idea perversa, incluso mezquina, pero indescriptiblemente morbosa; hasta que le pudo el instinto, o mejor dicho, el cosquilleo incesante entre sus piernas cada vez que imaginaba lo que ahora estaba convirtiendo en realidad.

Sin más palabras, Ángela se acercó, pegando su pecho al de él, puso los labios en su oído y dijo lentamente:

¿Me esperas?

Un electrizante hormigueo atravesó la entrepierna de Abel, que sentía desvanecerse el shock inicial.

¿Y tus amigas?

Vengo con mi novio. Me está esperando fuera.

¿Entonces?

Ella acercó aún más los labios, regalándole un pequeño y suave beso bajo el lóbulo de la oreja.

Hoy voy a hacer trampas...

Mientras terminaba de decir ésto se atrevió a deslizar una mano hacia abajo, para juguetear con el botón del pantalón de él sin llegar a desabrocharlo, y dejó escapar sin querer un pequeño jadeo provocado por la propia excitación, a dos milímetros de su oído, y éste pudo escucharlo con toda claridad entremezclado con la música y la palabra trampas, que nunca le había sonado tan bien...



(continuará...)

Comentarios

Ana ha dicho que…
O_o Espero que continúe pronto jeje Vaya subidón de adrenalina, ¡oiga!
Perdida ha dicho que…
queremos ya la segunda parte! ;)
Cris ha dicho que…
Nunca había oído la expresión "hacer trampas" referida a este tema, y esta semana la escucho por segunda vez! ¿una señal? ¬¬

Besitos!
Sara López ha dicho que…
mmm... Interesante. Espero la siguiente parte. Cada vez escribes mejor!

Saludos,
Sara.
La Rizos ha dicho que…
A mí esta mujer me parece un poco fresca. Pobre novio... :P

Eso sí, tiene un nombre precioso, una elección excelente :P
Águeda Torrado ha dicho que…
esto ha sido un calenton en toda regla.

poco discreta la fémina, a ver por donde sale.

Un saludooooo
Mae ha dicho que…
una historia excitante... si que si.
No recuerdo si había pasado por aquí antes, pero pienso volver. jajaja.
Talahasse ha dicho que…
Muy sugerente, sí señor. De momento bien planteado el escenario. Voy a ver como sigue la continuación...

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