Trampas (parte II)

(si aún no la leíste, te recomiendo la primera parte de Trampas)



...hoy voy a hacer trampas...

Esa frase resonaba en la mente de Abel mientras continuaba apoyado en la pared, viviendo con incredulidad y una tensa excitación todo lo que estaba ocurriendo, mirando hacia el fondo de la sala mientras los labios de Ángela se paseaban por su cuello, húmedos, guiados por la temblorosa impaciencia que estaba poseyendo sus entrañas.
Ella se encontraba de espaldas a la gente, sabedora de que el tiempo pasaba y en cualquier momento podría hacer acto de presencia su pareja.
La lascivia rebosaba su cuerpo desde las piernas hasta la punta de los dedos, que palpaban el cuerpo de éste buscando dónde quedarse.

Finalmente le agarró la mano y echó a andar, seguida por el títere del que se había apoderado esa noche, un cuerpo dispuesto a hacer lo que ella quisiera, ya que no tenía nada que perder, mucho menos que ella; pero tal vez precisamente ese era el impulso que la guiaba sin control hacia los servicios femeninos porque las convulsiones que sufría por todo el cuerpo sólo la dejaban pensar en eso, sin sopesar nada en absoluto. De manera que no le importaron las miradas interrogadoras y extrañadas que se clavaron en ambos durante los escasos cinco metros que los separaban de los aseos, ni las sonrisas pícaras al verlos entrar en uno de ellos, cogidos de la mano; cerrar la puerta suavemente, echando el pestillo y confinándose en dos metros cuadrados de lujuria.

Una vez dentro no hubo palabras porque no hacían falta, sólo la respiración entremezclada de su excitación, que los hacía moverse atropelladamente por la ansiedad del momento y la prisa por volver donde la estaban esperando sin que hubiese sospechas; no sin antes saborearse en cada centímetro.
No hubo besos cariñosos, ni suaves mordiscos en el cuello; la situación exigía artillería pesada, y nada mejor que la lengua salivando de hambre y embriagando sus labios de ron y sexo, al tiempo que cada mano hacía su trabajo, desnudando sin orden, pero con atino sólo lo imprescindible para no malgastar el poco tiempo que tenían.
En la mente de ambos ya estaba proyectado el cuerpo del otro, definido por sus manos y sus labios. Ángela se apoyó contra la pared, atrayendo hacia sí a Abel; todo dispuesto para culminar la locura.

Quiero sentirte dentro... ya.

Sus palabras sonaron a súplica, pero encerraban una orden tajante tras la temblorosa voz de ella, que no podía contener ya los jadeos.
Él descendió con ambas manos hasta las nalgas; se acercó lentamente, forzándola a abrirse y dejar espacio a sus caderas para sentir cómo se introducía palpitando, de una sola embestida entre las piernas desnudas de Ángela, que lo miraba con los ojos entrecerrados y la boca abierta, dejando salir ruidosas exhalaciones.

Afuera las conversaciones ajenas les hacían sentirse aislados del resto.

Los dos, cada uno a su manera, pudieron sentir cómo la penetración iba transformando esa impaciencia de antes en placer, y la prisa en movimientos acompasados, rítmicos, pero con fuerza.
Continuaron mirándose todo el rato, en cada movimiento de sus caderas para unirse y volver a separarse, sintiendo el roce mútuo segundo a segundo.
Pegados, notando cada parte de su cuerpo en el otro continuaban el baile cadencioso de su placer. Contra la pared como único testigo de la escena exudaban el amor de un rato y un odio visceral al tiempo que se les agotaba; agotados ellos, temblando, gimiendo, apretando los dientes y las manos sintieron el espasmo que los hizo palpitar finalmente, uno detrás del otro en una tensión orgásmica desacompasada, pero extremadamente placentera.

Todo acabó rápido, sin un beso de despedida, saciado el demonio que los carcomía, se despidieron saliendo juntos del aseo cogidos de la mano, siendo otra vez el centro de atención, y se dijeron adiós con la mirada después de que ella se acercase para susurrarle al oído:

Por cierto, me llamo Ángela.

Cuando volvió donde estaba su novio aún podía sentir el cosquilleo subiéndole por los muslos. Apenas habían pasado veinte minutos desde que se fue.
Con los labios todavía humedecidos lo besó intensamente y le dijo:

Esta noche me apetece follar... más que nunca.

Comentarios

Sara López Moreno ha dicho que…
Chico, lo has bordado! Me encanta, me encanta, me encanta.
Escribes estupendamente. De mayor, quiero ser como tú.

Saludos,
Sara.
Ana ha dicho que…
Yo me he quedado sin palabras. Y suscribo la última frase xD
¡Besos!
La Rizos ha dicho que…
Pues yo solo puedo decir: PERO QUE GUARRA... oye, pobre novio.
Y sí, yo soy de las que ven una porno entera por si se casan al final, qué pasa :P

Te está quedando mu chachins. Ya tengo ganas de leer el final :)
UN besote.
Juan ha dicho que…
Buenísimo

Cada pequeño detalle definido exquisitamente.

En mi opinión, los vaqueros ajustados habrían dificultado bastante el acto en un aseo de 2 metros cuadrados.

¿Piensas darle la tecla durante las vacaciones o habrá que esperar?

Saludos
De coches antiguos ha dicho que…
Escribes ESTUPENDO!
Mis felicitaciones, piensas continuarle?
Talahasse ha dicho que…
Jejejeje ¡Qué perversidad!

El desenlace pega (y anda que no es morboso xDDD).
Águeda Torrado ha dicho que…
para describir una escena de sexo sin caer en la narración típica, te has lucido chiquillo, y es -o se supone- una de las más difíciles.

Ahora, a ver qué tal va y sigue el más que nunca.

Un saludo!
José R. González ha dicho que…
Una historia directa y sin tapujos! me ha encantado! Escribes muy bien. Te sigo ;)
SE ha dicho que…
Muy buena historia, sí señor, da gusto encontrar este tipo de joyitas así de repente. Nos leemos
Dr.T ha dicho que…
Hola..

Me estaba dando un viajecito por los blogs participantes en los premios, y me encanto el tuyo.

Felicidades y te deseo mucha suerte!!

Te invito a visitar el mío Dr.T.
http://tolldr.blogspot.com/

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