Estirar hasta romper

Mila tomó aire lentamente hasta llenar los pulmones, con la mente en blanco, sintiendo el corazón palpitar y el fantasma de su miedo royéndole el alma con un blues de despedida, desgarrador y miserable, como todos los días que había pasado anhelando felicidad, pero obteniendo falsas promesas y esperanzas vanas. Promesas que tenían el valor del momento en el que eran lanzadas, en forma de rosa pero cargadas de espinas, embriagando los sentidos, obnubilando el raciocinio y haciendo que la acomodada rutina tuviese apariencia de bienestar y alegría.

No podía más. No quedaban ya lágrimas que derramar, frente al espejo, escupiendo miradas de odio contra su propia imagen demacrada; estúpida por soportar y perdonar constantemente.
La habían pisado demasiadas veces y demostraba su entereza volviendo a levantarse, aunque no lograba reaccionar ante el siguiente pisotón.

Sus ojos no reflejaban nada porque los sentimientos la habían abandonado; confundidos y exasperados dejaron de tener cabida en aquel rostro sencillo. Encontrados entre sí una y otra vez, luchando por mantener viva una llama sobre la que ya habían caído mares.

Miró de nuevo al frente y se volvió a estampar de bruces contra el dolor. Lloró otra vez avergonzada por haber caído de nuevo en su trampa, y rabiosa por mostrar una vez más su debilidad, incapaz de contenerse, impotente y rota ante esa mirada impasible que se reía de ella y la dominaba a su antojo, expulsándola como un insecto molesto para después atraerla de nuevo con la miel de llantos y perdones falsos, hipócritas y deleznables.

Pero su capacidad para querer era más fuerte que su dignidad, una virtud autolesiva, y una fragilidad que en manos miserables podía significar la vida convertida en teatro, cuyo actor principal era la propia Mila, manejada al antojo de la inconsciencia y la malicia de su particular titiritero.

Fuerte y luchadora, con garra pero asustada, se sentía incapaz de ver más allá de aquel miedo que no la dejaba respirar. Tenía una sonrisa inconmensurable, una vida llena de luces, pero apagada ante el mundo por la sombra de su dolor.

Cada cual juega sus cartas, y hay quienes hacen trampas sin importarles las consecuencias.

Mila estaba enamorada, pero había olvidado de qué, la habían confundido y se encontraba perdida, con infinidad de caminos bajo sus pies, y un solo trazo marcado por su andadura guiándola de nuevo hacia el precipicio, por miedo a cambiar de dirección, empezar de nuevo y dejar atrás su falsa y eterna esperanza.
No pisaba firme, no bailaba equilibrada, no dejaba marchar el temblor de sus piernas. La droga de su desdicha la consumía.
Necesitaba despertar antes de volver a verse con un pie delante del otro, descalza por esa senda llena de espinas.

Lo necesitaba, y lo sabía.

Comentarios

Gallego Rey ha dicho que…
Hacía tiempo, más de un año que no leía nada tuyo, demasiada ausencia por mi parte, pero me alegro de retomar el buen sabor de tus textos.
Mareaxe.
La Rizos ha dicho que…
Me ha gustado mucho, aunque algunas frases me han hecho pensar que incluso hablabas de mí misma. "Estaba enamorada, pero no sabía de qué". Touché, abejoso.

Muy buen texto.
Juan ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mesothelioma claims ha dicho que…
Such a wonderful post thanks for sharing.
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