Ana

I

La piel perlada del cuerpo semidesnudo de Ana es una mezcla entre el sudor que produce la calurosa noche de verano y la excitación que va aumentando la temperatura de su cuerpo. Acostada en la cama de una habitación desconocida, iluminada únicamente por la tenue luz de la calle; totalmente destapada, retuercen su cuerpo impulsos involuntarios.

II

Un leve suspiro se escapa de sus labios, produciendo casi un imperceptible gemido, mientras una mano se desliza suavemente por la superficie de su pecho hasta llegar lentamente a sus labios, que los acaricia con la yema de un solo dedo.

III

La respiración se hace más fuerte, una minúscula gota de sudor resbala recorriendo todo su torso hasta acabar en el ombligo. Esa mano baja ahora lentamente, rozando apenas la piel y provocando que se erice por cada centímetro recorrido; en busca de las caderas; repasando todo el contorno del cuerpo ya desnudo de Ana.

Las cavidades de la nariz se expanden para dejar pasar más aire, lubrica sus labios; los muerde; inspira hondo conteniéndolo todo en una explosión, mientras agarra y retuerce con ambas manos las sábanas; una intensa explosión en la que cada músculo de su cuerpo se contrae a ritmo vertiginoso; se abren todas las puertas del mundo; el resto deja de existir; no hay nada más que una electrizante sensación de placer que hace temblar hasta su alma.

Despierta; abre los ojos; mira hacia la ventana; está sola y sudorosa.

IV

Paz.

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