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De arte y musas perdidas

¿Cuándo se fue? ¿Por qué? Después de tanto tiempo es difícil que pase un día sin que las preguntas acudan a su mente para hacer otra muesca al calendario y recordarle que aún sigue en blanco. La respuesta es clara, se fue. Dejó yermo el campo donde antes germinaban las palabras, e interpuso un muro demasiado alto para escalarlo; ahora le angustia no saber si han vuelto a brotar porque desde hace mucho tiempo es incapaz de mirar al otro lado. Quizá se esté haciendo viejo y simplemente es la pereza lo que hace que se resista a intentar trepar. Tal vez ese campo necesitaba un respiro para renovarse y volver a ser fértil, pero el muro sigue ahí... puede verlo alzado imponente burlándose de él un día más, y no hace otra cosa que preguntarse si alguna vez será capaz de saltarlo A veces se siente fuerte y se acerca para plantarse junto a él; camina siguiendo su trazado mientras roza con la punta de los dedos la superficie, y empieza a sentir poco a poco que una vez más es infranque...

Estigmas sociales

Escuchó la sentencia con los ojos cerrados para imaginar con más claridad el rumbo hacia el que tendría que conducir a partir de ese momento, apretó los puños e hizo un esfuerzo por mantener atado el león que trataba de salir de su interior; llenó los pulmones, espiró lentamente y digirió cada palabra que le llegaba desde el otro lado del estrado. Tuvo que contener una lágrima de impotencia mientras toda su rabia se desvanecía quedando en el vacío de aquella sala, intuyendo años luz de distancia a su alrededor. La calma absoluta se rompió por los murmullos que siguieron a las palabras de la juez cuando volvió a abrir los ojos para contemplar su nueva vida. Dos años. En su cabeza se repetía como un bucle esa cifra que ahora, vista desde ese extremo, había cobrado un significado que le producía vértigo. Siempre había sido un hombre muy concienciado al respecto. Empatizaba cada vez que una nueva noticia colmaba las portadas anunciando un nuevo caso de esa lacra que anda encar...

El dulce olor del ocaso (final)

...Ahora, mientras tu hija Ainara trata de comprender el significado de esa pregunta que tanto te gustaba susurrar al oído de aquellas chicas, tú tendrás que tomar una decisión importante: Tu vida, o la de tu hija. ¿Es dulce el olor del ocaso?   - El dulce olor del ocaso (parte I)   - El dulce olor del ocaso (parte II) ___________________________________________________________________________________________ En su reloj interno había pasado una agónica eternidad desde que consiguió calmar su estómago hasta que terminó de digerir cada palabra del correo. Continuó con los ojos clavados en la pantalla, sin pestañear, sin siquiera percibir el enorme cansancio de su alma envejecida ahora por las circunstancias. No pensó en el hecho de que la felicidad es efímera; no tuvo tiempo para echar la vista atrás y sopesar cuánto puede cambiar la vida en un instante porque tuvo claro desde el primer momento que había vivi...

El dulce olor del ocaso (parte II)

Suspiró, tomó aire con el corazón desbocado y tuvo la certidumbre de que aquello no había hecho más que comenzar. Sin más vacilación abrió el siguiente archivo y ante sus ojos se presentó otra escena, mucho más espantosa que la peor de sus pesadillas: el mismo escenario, la misma iluminación débil, pero en el centro, sentada en la silla, maniatada y completamente desnuda se encontraba Ainara, su hija, con un trozo de cartón colgado del cuello tapándole el pecho en el que se podía leer una pregunta: ¿Es dulce el olor del ocaso? El dulce olor del ocaso (parte I) _________________________________________________________________________________ Cada segundo de su existencia desfiló frente a sus ojos arañando el gris oscuro en que se acababa de tornar todo a su alrededor para dejar entrever los resquicios de sus miserias envolviéndolo en angustia y terror. Esta vez no pudo contener la arcada y vomitó junto a su silla mientras las imágenes del vídeo continuaban reproduci...

Retales de un alma descosida

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Un libro es algo que todo el mundo debería tener como amigo, ese que no te abandona y te hace sentir acompañado en los momentos de soledad y angustia, y un poquito más feliz cuando ya lo eres. Un libro posee la maravillosa virtud de hacer que nos sintamos evadidos de cualquier realidad, buena o mala, y viajemos hasta donde la imaginación del autor desee llevarnos, escalando párrafos y descubriendo una nueva forma de contemplar el horizonte; ese skyline construido mediante los cálculos precisos de un arquitecto de las letras. Aquí está mi pequeña aportación a ese paisaje fantástico que torna como las estaciones. Este libro, espero que el primero de muchos, es la recopilación que hice en 2009 de todos los relatos contenidos en Ciudad Colmena , y gracias a los cuales pude hacer realidad material un pequeño sueño: que uno de los títulos contenidos en alguna librería perdida y anónima fuese mío. Ahora he decidido que (ya que en papel me es imposible porque tiene unos costes), al meno...

El dulce olor del ocaso

La llamada quedó resonando en su interior, reverberando en sus entrañas, como una vibración que permanece en el aire tras el repicar de una campana, transmitiéndose dolorosamente como una descarga eléctrica que le erizó el vello de toda su piel y lo sumió en una repentina desesperación. No hubo respuesta durante varios segundos. Ajeno; al acecho siempre, el dolor se observa desde la barrera cuando pasa de largo, y nunca se llega a palpar hasta que cae directamente sumiéndote en la oscuridad. Alfredo se consideraba a sí mismo un emprendedor, un trabajador tenaz que se había granjeado una fortuna a base de esfuerzo, mucho sudor y... bla bla bla. Caminaba altanero, muy seguro, marcando cada paso a fuego en el suelo como la meada de un perro enorme y feroz, enseñando los dientes y haciéndose notar, esparciendo el olor del triunfo por cada rincón de sus dominios. Los miraba a todos, sus lacayos, con una sonrisa burlona, simpático y encantador. Observaba todo con aquel gesto falso, r...

Martes, 13

Es sólo un animal . Martes, 13. Hay quien piensa que se trata de un día en el que la suerte está de espaldas, ignorando todo. Supersticiones (quizá).  Lucía ha despertado hoy con la luz del alba penetrando en su habitación, ha mirado a su alrededor y al cerrar los ojos de nuevo, algo le ha golpeado en su alma joven e inocente... un recuerdo que se había perdido en la noche, mientras dormía.  Aún sigue sin entender por qué golpearon a su amigo Mario aquellos chicos hasta dejarlo inconsciente... aún siente la congoja de saberse impotente y rota ante la saña con que era vapuleado y las sonrisas crueles de cinco niños disfrutando de un acto macabro. Las lágrimas han vuelto a brotar de sus pequeños ojos marrones mientras abraza con fuerza la almohada para no sentirse tan desamparada. Mario observa desde su ventana la luz del sol inundando lentamente aquellos campos, cuya maleza cubre la vergüenza de ser escenario de uno de los actos más crueles e inhumanos conceb...