Los susurros, dicen, son caricias al aire.
¿Escuchas como se va transmitiendo lentamente desde mis labios hasta tu oído a través del silencio?
¿Percibes las palabras acalladas, deslizando suavemente cada letra como una minúscula onda se abre paso a través de un lago en calma?
Es como cuando coloco uno de mis dedos sobre tus caderas desnudas, y poco a poco voy recorriendo tu silueta, apenas rozándote la piel. Si mirases justo entre ambas partes, podrías ver luz a través de los surcos de mi huella dactilar, y el bello de tu cuerpo erizandose a su paso.
Cierra los ojos y concentra tus sentidos en los colores que van formando mis palabras; en la melodía compuesta por susurros, caricias, este placentero silencio en la madrugada y la brisa de Septiembre que entra a través de la ventana.
¿Lo sientes?
Contempla a través de tus párpados las curvas de tu cuerpo sobre las sábanas, flirteando con mis manos y envuelto en las notas silenciadas de mi boca, que danzan juguetonas invadiendo dulcemente esos sentidos que están a mi merced.
Música en mil tonalidades se convierte en cosquilleo que penetra por tus poros indefensos y te sumerge en una electrizante vibración, desde la suavidad de tu cuello hasta lo más prohibido de tus muslos sonrosados, tímidos, pero dispuestos a jugar.
Bucea en el bullicio que se forma en tu interior; del silencio murmurado a las cálidas notas que tocan las cuerdas de tu interior; de extremo a extremo, oscilando en la sinuosidad del camino recorrido por el rumor de estas palabras, que te arrullan dócilmente y permanecen regalándote más silencio con susurros, más susurros silenciados.
¿Escuchas como se va transmitiendo lentamente desde mis labios hasta tu oído a través del silencio?
¿Percibes las palabras acalladas, deslizando suavemente cada letra como una minúscula onda se abre paso a través de un lago en calma?
Es como cuando coloco uno de mis dedos sobre tus caderas desnudas, y poco a poco voy recorriendo tu silueta, apenas rozándote la piel. Si mirases justo entre ambas partes, podrías ver luz a través de los surcos de mi huella dactilar, y el bello de tu cuerpo erizandose a su paso.
Cierra los ojos y concentra tus sentidos en los colores que van formando mis palabras; en la melodía compuesta por susurros, caricias, este placentero silencio en la madrugada y la brisa de Septiembre que entra a través de la ventana.
¿Lo sientes?
Contempla a través de tus párpados las curvas de tu cuerpo sobre las sábanas, flirteando con mis manos y envuelto en las notas silenciadas de mi boca, que danzan juguetonas invadiendo dulcemente esos sentidos que están a mi merced.
Música en mil tonalidades se convierte en cosquilleo que penetra por tus poros indefensos y te sumerge en una electrizante vibración, desde la suavidad de tu cuello hasta lo más prohibido de tus muslos sonrosados, tímidos, pero dispuestos a jugar.
Bucea en el bullicio que se forma en tu interior; del silencio murmurado a las cálidas notas que tocan las cuerdas de tu interior; de extremo a extremo, oscilando en la sinuosidad del camino recorrido por el rumor de estas palabras, que te arrullan dócilmente y permanecen regalándote más silencio con susurros, más susurros silenciados.
















